Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Ya hay sitio en la sala para los dos: usted y su orgullo. Está vacÃa, puede quedársela toda para usted, y para Él, ¡ay! que hace de tercero en tan mala compañÃa.
Aproveché contenta esa indicación y al minuto de caer sobre una silla junto al fuego, di una cabezada y me dormÃ. Mi sueño fue profundo y dulce, aunque breve. El señor Heathcliff me despertó. Acababa de llegar y me preguntó, en su cariñoso estilo, qué hacÃa allÃ. Le dije que la causa de estar levantada hasta tan tarde era que él tenÃa la llave de nuestra habitación en el bolsillo. El adjetivo nuestro le hirió mortalmente. Juró que no era mÃo ni lo serÃa nunca y que…, pero no repetiré su lenguaje, ni describiré su conducta habitual. Es ingenioso e incansable tratándose de ganar mi aborrecimiento. A veces mi asombro ante él es tan intenso que atenúa el miedo que le tengo, con todo, te aseguro que un tigre o una serpiente venenosa no me producirÃan un terror igual al que él despierta en mÃ. Me contó la enfermedad de Catherine, de la que acusó a mi hermano, prometiéndome que me hará sufrir en su lugar hasta que pueda apoderarse de Edgar.
¡Le odio… soy muy desgraciada… he sido idiota! Cuidado con decir ni una sola palabra de todo esto en la Granja. Te esperaré todos los dÃas… ¡No me defraudes!
ISABELLA