Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Ya dije que la señora Heathcliff vivió una docena de años después de dejar a su marido. Su familia era de constitución delicada, tanto ella como Edgar carecían de esa robusta salud que encontrará usted generalmente por estas tierras. No estoy segura de cuál fue su última enfermedad, supongo que murieron los dos de lo mismo, de una especie de fiebre, lenta al principio, pero incurable, y que consumía la vida rápidamente hacia el final. Escribió para informar a su hermano del probable final de la enfermedad que venía sufriendo desde hacía cuatro meses y le suplicaba que fuera a verla, si era posible, pues tenía muchas cosas que arreglar, y quería darle su último adiós, y dejar a Linton seguro en sus manos. Tenía la esperanza de que Linton pudiera quedarse con él, lo mismo que había estado con ella. De buen grado se convencía a sí misma de que su padre no albergaba ningún deseo de asumir la carga de su mantenimiento y educación. Mi amo no dudó un momento en satisfacer su petición. Con lo reacio que era a dejar la casa por llamamientos habituales, se marchó volando en respuesta a éste. Me recomendó a Catherine a mi especial vigilancia durante su ausencia, con órdenes reiteradas de que no saliera a pasear fuera del parque, ni siquiera en mi compañía. Lejos estaba de imaginarse que fuera sola.