Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Estuvo ausente tres semanas. Los dos o tres primeros días mi pupila estuvo sentada en un rincón de la biblioteca, demasiado triste para leer o para jugar. En aquel estado de tranquilidad me causaba pocas molestias, pero le sucedió un periodo de aburrimiento impaciente e inquieto. Y como yo estaba demasiado ocupada y demasiado vieja para correr de acá para allá para divertirla, se me ocurrió un sistema por el que se pudiera entretener sola. Solía mandarla a pasear por la finca… ya a pie, ya en su poni, y cuando volvía escuchaba pacientemente sus aventuras reales o imaginarias.