Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Vive a corta distancia de la Granja —respond×, justo detrás de esas colinas, no tan lejos que no pueda usted venir aquà andando cuando esté fuerte. Debe estar contento de ir a casa a verle. Tiene que procurar quererle, como quiso a su madre, y entonces él le querrá a usted.
—Pero ¿por qué no he oÃdo hablar de él antes? —preguntó Linton—. ¿Por qué mamá y él no vivÃan juntos, como hacen los demás?
—TenÃa negocios que le retenÃan en el norte y la salud de su madre la obligaba a residir en el sur.
—¿Y por qué mamá no me habló de él? —insistió el niño—. Me hablaba a menudo de mi tÃo y aprendà a quererle hace mucho. ¿Cómo voy a querer a papá si no le conozco?
—Oh, todos los niños quieren a sus padres —expliqué yo—. Su madre quizá pensó que usted querrÃa irse con él si se lo mencionaba con frecuencia. Démonos prisa. Un temprano paseo a caballo en una mañana tan hermosa es preferible a una hora más de sueño.
—¿Va a venir ella con nosotros —preguntó—, la niña que vi ayer?
—Ahora no —respondÃ.
—¿Y mi tÃo? —continuó.
—No, yo le acompañaré hasta allà —le contesté.