Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¿Estás contento de verme? —preguntó ella, reiterando su primera pregunta y contenta al ver en él la débil insinuación de una sonrisa.
—SÃ, lo estoy. ¡Es algo nuevo oÃr una voz como la suya! —respondió—. Pero me ha irritado que usted no viniera. Y papá juraba que era culpa mÃa, me llamaba criatura lamentable, rastrera e inútil, y decÃa que usted me despreciaba y que si él hubiera estado en mi lugar a estas alturas serÃa más amo de la Granja que su padre. Pero usted no me desprecia verdad, señorita…
—Me gustarÃa que me llamaras Catherine o Cathy —interrumpió mi señorita—. ¿Despreciarte? ¡No! Después de papá y Ellen, te quiero a ti más que a nadie en el mundo. Pero al señor Heathcliff no le quiero, y no me atreveré a venir cuando vuelva él, ¿estará muchos dÃas fuera?
—No muchos —respondió Linton—. Pero va a los páramos con frecuencia, desde que empezó la temporada de caza y podrÃas pasar una hora o dos conmigo en su ausencia. Di que vendrás. Creo que contigo no estarÃa de mal humor. Tú no me provocarÃas y estarÃas siempre dispuesta a ayudarme, ¿verdad?
—Sà —dijo Catherine, acariciándole el pelo largo y suave—. Si papá me diera su permiso, pasarÃa la mitad del tiempo contigo. ¡Querido Linton, ojalá fueras mi hermano!