Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Debo obedecer al mÃo —respondió ella— y consolarle de esta tensión cruel. ¡Toda la noche! ¿Qué pensará? Estará ya angustiado. Romperé o quemaré algo para salir de esta casa. ¡Estate tranquilo! No corres ningún peligro, pero si me lo impides… ¡Linton, quiero a papá más que a ti!
El terror mortal que sentÃa por la ira del señor Heathcliff devolvió al chico su cobarde elocuencia. Catherine estaba casi enloquecida, aun asà insistÃa en que tenÃa que ir a casa y probó, a su vez, la súplica para convencerle de que dominara su egoÃsta aflicción. Mientras estaban asà ocupados, volvió nuestro carcelero.
—Vuestros caballos se han ido. ¡Pero bueno, Linton! ¿Lloriqueando otra vez? ¿Qué te ha hecho? Vamos, vamos… deja de llorar, y vete a la cama. Dentro de un mes o dos, hijo mÃo, podrás devolverle sus tiranÃas actuales con mano dura. Estás suspirando por puro amor, ¿no es asÃ?, por ninguna otra cosa en el mundo. ¡Ella será tuya! ¡Ahora, a la cama! Zillah no estará aquà esta noche. Tendrás que desvestirte solo. ¡Silencio! ¡Cállate ya! Una vez en tu cuarto no me acercaré a ti, no tengas miedo. Por suerte te las has arreglado bastante bien. Yo me encargaré de lo demás.