El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita El maestro respondió:
—Estoy aquÃ, pero desgraciadamente no puedo seguir siendo vecino suyo.
—Lo sabÃa, ya me lo habÃa imaginado —contestó Iván en voz baja, y luego preguntó—: ¿Se lo ha encontrado?
—Sà —dijo el maestro—, he venido a despedirme, porque usted era el único con el que he hablado últimamente.
A Ivánushka se le iluminó la cara, y dijo:
—Qué alegrÃa que haya venido hasta aquÃ. Cumpliré mi palabra, ya no pienso escribir más versos. Ahora me interesa otra cosa —Ivánushka sonrió y miró con ojos enloquecidos más allá del maestro—, quiero escribir otra cosa.
El maestro se emocionó al oÃr estas palabras y se sentó al borde de la cama de Iván.
—Eso me parece muy bien. Usted escribirá la continuación.
Los ojos de Ivánushka se encendieron:
—Pero cómo, ¿no lo va a hacer usted mismo? —Agachó la cabeza pensativo—. ¡Ah!, sÃ, ¡qué preguntas hago! —Ivánushka miraba al suelo asustado.
—Sà —dijo el maestro, y su voz le pareció a Iván sorda y desconocida—. No escribiré más sobre él. Me dedicaré a otras cosas.
Un silbido lejano cortó el ruido de la tormenta.