El Maestro y Margarita
El Maestro y Margarita —… ¡Anushka, nuestra Anushka! ¡La de la calle Sadóvaya! Son cosas suyas… ¡FÃjate que compra aceite de girasol en la tienda y que al pasar por el torniquete va y se le rompe la botella! ¡ImagÃnate!, toda la falda hecha una porquerÃa y ella, ¡hala!, venga decir palabrotas… ¡y ese pobrecito que se resbala y a la vÃa…!
De todo lo que gritó aquella mujer, el cerebro dañado de Iván Nikoláyevich sólo pudo retener una palabra: Anushka.
—¿Anushka?… ¡Anushka! —balbuceó el poeta mirando inquieto en derredor—, pero si…
A la palabra Anushka pudo añadir después otras cuantas: «Aceite de girasol» y luego, sin saber por qué, «Poncio Pilatos». Desechó a Pilatos y siguió ordenando la cadena que empezara con la palabra Anushka. Llegó en seguida al profesor.
«¿Pero, cómo…? Dijo que la reunión no tendrÃa lugar porque Anushka habÃa vertido el aceite. Y mira por dónde no habrá reunión. Bueno, todavÃa más: dijo exactamente que serÃa una mujer quien le cortara la cabeza y resulta que la que conducÃa del tranvÃa era una mujer. Pero bueno, ¿qué es esto?».