La barra de los tres golpes

La barra de los tres golpes

Los muchachos, en esos dos años de plena convivencia, habían formado una amistad íntima que trascendiendo los límites del aula, llegaba hasta el ámbito familiar. En cada casa conocían las andanzas de todos, siendo frecuentes las visitas recíprocas para estudiar o salir.

Pero había quien tenía hermanitas o primas agradables, bonitas, con el encanto quiceaniero; entonces no era sólo el deseo de estudiar o de salir juntos el que impulsaba esas visitas; la asis, tencia asidua no permitía abrigar dudas: la hermanita o la primita tenían más atractivo que el camarada de clase.

Así se formaron núcleos que los domingos por la tarde transformaban los hogares en

encantadoras peñas familiares, en las cuales todos participaban: padres, madres, hermanas y amigos. Tomábamos el té, charlábamos, jaraneábamos, recordando las travesuras de la semana; cuando la casa era amplia, bailábamos al compás de un tango, un vals, un pasodoble o un “shimmy”. A veces se interrumpía la danza porque cesaba la música: no habían dado suficiente cuerda a la "victrola" que pasaba los discos!

La de López Mecatti, sita en Cachimayo 980, fue una de las casas preferidas para esas pefías.


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