La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Ortega lo imitaba con maestrÃa: sentado frente a é1 mientras hablaba o preguntaba, repetÃa sus gestos pasándose el pulgar por la nariz o bajando rápidamente su mano arqueada. Y como nada hay que provoque mas risa que a imposibilidad de reÃse más desesperada en nuestra situación ante la seriedad con que Ortega hablaba y el entusiasmo con que reproducÃa sus movimientos.
La entrada al aula que habÃa inspirado al Dr. Dennet la gráfica definición de la invasión de los bárbaros, era apenas un pálido reflejo del ingreso al salón de mecanografÃa. Aquello era
sencillamente un escándalo, Las fundas metálicas de las máquinas de escribir se tiraban al suelo con estrépito y se las acomodaba posteriormente a puntapiés, Se multiplicaban los movimientos
y si habÃa alguna forma de evitar el ruido, se buscaban los medios para no usarla y convertir la tapa protectora en un instrumento infernal.
Aquello no debÃa llamarse, en rigor de verdad, sala de mecanografÃa sino museo de antigüedades. Las pocas y viejas máquinas en existencia sólo por excepción funcionaban, luego de tantos años de golpes sin misericordia.