La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Pasó Álvarez al Pizarrón cuando se estudiaban los "escapes", denominación que en estenografía se da a un guión o continuación de un rasgo usado en determinadas circunstancias. Éste escribió, adrede, sin el guión y cuando C. le indicó: "Escape", dejó la tiza y salió del aula como bala. Una delegación de compañeros fue en su búsqueda, trayéndolo largo rato después.
-Dígame, Álvarez, ¿qué le pasó?
-Señor – exclamó éste con cara de bobo-, ¿no me dijo que me escape?
Otra noche suspendió a Ariza, quien volviéndose a sus camaradas les dijo con la mayor naturalidad: "Bueno, muchachos, vámonos todos". Así se hizo y cuando sumaban ocho los que, adelantándose, llegaban al corredor, pasó Cano que quiso suspenderlos sin más contemplaciones. Pero instantáneamente hubo tantos gritos y amenazas, que Cano se asustó y dejó para ocasión más propicia aplicar las puniciones.
No faltó, entre tantas y tantas bromas, alguna de subido matiz, que fue reprimida severamente con la suspensión de la división íntegra, porque unánimemente quedaron cerrados los labios cuando quiso conocerse al autor. Nada lograron amenazas ni insultos del subjefe de celadores. Nadie pronunció una sola palabra. Con la misma naturalidad con que festejaron la burla aceptaron sus consecuencias, sin proferir una sola queja, sin intentar un reproche.