La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Había preparado un poema de despedida y subí a una silla para leerlo. Aún no concluía con la dedicatoria cuando una lluvia de chorros de sifón y de panes me encegueció.
Pero no podía admitirse que en un banquete de la “Barra” el orador callara por tan poco; así que, con voz mas fuerte, sobreponiéndome a los proyectiles que volaban sin descanso, proseguí hasta su terminación la lectura de los versos que aquietaron algo el ánimo de los oyentes.
Después del momento lírico-bélico, una comisión quiso saludar a los antecesores colegas del piso alto; Furlani y otros más tuvieron el propósito delicado, pero no pasaron de la entrada del salón, porque apenas los vieron, no sólo los panes y los platos volaban: también las sillas tenían alas, igual que si fueran aviones de combate.
Bajo la dirección entusiasta de Oberdan volvió a funcionar la Academia de Vacaciones del Centro de Estudiantes.