La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes Comprábamos entradas de "clake" por veinte o treinta centavos y asistíamos a sesiones de sainete o teatro frívolo. Las buenas obras contaban con nuestro apoyo decidido, pero al lugar en que más oportunidad había para concurrir era el "Smart", donde actuaba la compañía de Marcelo Ruggero, una de las más populares de la época, junto a las de César y Pepe Ratti, Olinda Bozán y Paquito Bustos, Elías Alippi, Luis Arata, Evita Franco, Leopoldo y Tomás Simari, Enrique Muiño y muchos otros, sin olvidar, por supuesto, al singular e inigualado Florencio Parravicini, cuyo desenfado en el lenguaje y los gestos le había permitido crear un tipo personal de teatro, qué transformaba en irreprimibles carcajadas las más grandes barbaridades que pudieran decirse en un escenario.
Ruggero representaba obras mediocres que se cambiaban todas las semanas y cuyo argumento, como el de la mayoría de los sainetes, se producía en serie: el criollo compadrito y guapo; el gallego, portero o mucamo; el turco, vendedor de peines; y la muchacha, que siempre terminaba enamorada de la guapeza del criollo, tenía en un puño al italiano, al gallego y al turco. De vez en cuando se representaban obras de verdadero valor.