La barra de los tres golpes
La barra de los tres golpes El arribo de un profesor interrumpió el espectáculo y no hubo más noticias de eses restos. Pero se sospechaba que tendrÃan algún fin raro. Asà fue, efectivamente: súpose al dÃa siguiente que los habÃan colocado en el auto del titular de matemáticas, quien no hizo comentario alguno; pero al verlo por primera vez después de muchos meses con un traje diferente, se imaginó la escena vivida en el interior del coche, al sentir la materia fofa, húmeda, inasible.
La polÃtica escolar tomaba nuevos rumbos. En muchas divisiones estaba destruÃdo el mito de la unanimidad a favor de la Lista Blanca y los reformistas ganaban adeptos.
En segundo-cuarta, ambos Caletti, López Mecatti, y otros más un tanto desilusionados por el brillo de la opinión ajena, decidieron personalmente sus orientaciones.
El Partido Reformista realizaba sus sesiones en el sótano de algún café cercano a la Escuela, en algún centro socialista o en la misma Casa del Pueblo. Muchos asistÃamos como simples espectadores, pero luego nos volvÃamos militantes activos.