En la sangre
En la sangre -¡Es un infame usted, es un miserable! -exclamó Máxima de pie en medio del palco, reparando el desorden de su traje, alzando del suelo su careta. TenÃa el aliento afanoso, conmovida la voz, las manos le temblaban.
-Lléveme arriba, donde está mi madre.
-Máxima...
-Lléveme.
-Pero hija...
-Lléveme repito o me voy sola.
Quiso darle su brazo él; retrocedió un paso cruzando los suyos ella.
-Siga, camine.
Y como él, remiso, no se apresurara:
-¿Qué, no me oye? ¡camine, salga le digo!
Ancho, hueco de orgullo, un orgullo brutal de macho satisfecho, iba riéndose en sus propias barbas Genaro; pensaba: se le ha de pasar...