En la sangre
En la sangre Se habría Máxima arrepentido, habríase sentido arredrada, intimidada en el último momento y no habría hablado... ¿qué era lo que adentro sucedía, qué?...
Llegó el carruaje al Retiro; paró junto a la reja de la Plaza:
-Espere -ordenó Genaro. Volvería más tarde, pensó; ¿dónde iría entretanto; era hora de almorzar, a la calle de Moreno? No; sabía el portero que comía en esa fonda él; podía andar buscándolo el individuo, preguntar y dar con él, encontrarlo allí...
¡Maldito el apetito que tenía tampoco!
Varias veces, durante el curso del día, en carruaje cerrado recorrió la calle; nada; pasó de nuevo a la oración, a las nueve, a las doce, nada, siempre nada.
Otra noche de agitaciones y de insomnios, otra como la anterior, otra en blanco, otra noche peor le esperaba...
¡Malhaya!, a qué se metería a zonzo, en honduras él... una y mil veces como un negro crimen sobre la conciencia le pesaba... feo, muy feo, tremendo estaba poniéndose el negocio... alguna barbaridad y barbaridad mayúscula, alguna de bala y de puñal, algún sangriento drama iba a salir resultando al fin.