En la sangre
En la sangre Bastaba verle la pinta, no era tipo, no era hombre de dejarse manosear impunemente; sus antecedentes, su modo de ser, su vida entera lo estaban revelando, perseguido por Rosas, emigrado el año 40, antiguo oficial de Lavalle en sus campañas...
Imposible que se quedara con el entripado, que no estallara; que no hiciese explosión el viejo... ¡podía contarse entre los muertos él!...
Hasta las dos y media de la madrugada, dejose estar en el café, en el local de los Tres Billares.
Conservábanle cariño algunos a la casa; recordando antiguos tiempos, solían celebrar allí sus reuniones, y había ido también él, huyendo de hallarse solo, en horror a su cuarto del hotel, llevado por una brusca necesidad de aturdimiento y de ruido.
Distraído, preocupado, como un imbécil, pensó, había sacado su dinero del bolsillo y despedido el coche al llegar. No se atrevía, no se arriesgaba ahora a volver solo a su casa, y uno de los que allí se encontraban, un conocido suyo, que vivía en la calle de la Defensa y lo dejaba en la esquina, caliente, trenzado con otro en un partido a los palos, ni mención hacía siquiera a retirarse... ¡Paciencia, lo esperaría!...