En la sangre
En la sangre ¡Qué sabía él!... ¡un cúmulo de disparates, despropósitos sin cuento, un mundo de desatinos y siempre y en todas partes, clara, potente, como viva, como real, la figura del padre airado persiguiéndolo con el espectro de su venganza!...
Sentía pesada ahora y dolorida la cabeza, la lengua seca, mal gusto, un dejo en la boca, un dejo amargo a tabaco, revuelto, sublevado en ansias el estómago, y nada sin embargo, casi nada había comido:
-¿Eh?... con mil demonios al fin... -en un arranque exasperado de cobarde, vociferó renegando, no era vivir aquello, era sufrir, era matarlo a fuego lento, era sufrir mil muertes, ¡que se acabara cuanto antes, que lo mandase asesinar, que lo hiciese apuñalar el muy salvaje de una vez!...