En la sangre
En la sangre -Sírvase evitarme la molestia inútil de escucharlo, -prosiguió- sólo a efecto de hacerle conocer mis órdenes, es que se encuentra usted aquí, y entiendo que sean ellas al pie de la letra ejecutadas, sin observaciones de su parte y sin que absolutamente por la mía, tenga en cuenta ni me importe lo que usted piense, quiera, o diga.
Máxima, repito, se casará con usted, dentro de un mes, sin ruido, sin misterio, simplemente; usted nos la ha pedido, ella quiere; deseando no contrariarla, su madre y yo hemos consentido; ante mi familia y ante el público, será esa la explicación de lo que es difícil de explicar: que le dispense yo el honor de aceptarlo como yerno.
Nada me resta que agregar, puede retirarse o pasar si quiere a la sala.
-¡Ah, Piazza, nunca lo hubiera dicho de usted..., yo que lo creía tan caballero, tan decente, tan incapaz... en la confianza que le habíamos dado, abusarse así, engañarnos de ese modo y usted, usted tan luego!...