En la sangre

En la sangre

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Sí, junto a la cama, dentro del cajón de la mesa de luz, como asimismo el reloj, como los botones de puño: dos gruesas piedras enzarzadas en medallones de oro mate.

Estaba bien, no lo necesitaba ya, podía no más retirarse.

Al bolsillo con todo por pronta providencia... ¡no fuera el diablo, que se traspapelara en el barullo!...

Púsose, sin más demora, a recorrer Genaro los otros muebles del aposento, el lavatorio, un estante para camisas... no había dinero junto con el reloj y las llaves en la mesa de noche, ocurriósele de pronto, y, sin embargo, imposible que no tuviera su suegro consigo en momentos de caer enfermo... a no ser que hubiese quedado olvidado, metido en algún bolsillo... fácil era... ¿qué traje había llevado puesto aquel ese día?

Intrigado, prosiguió buscando, registrando la ropa del armario, las levitas, los pantalones, los chalecos; ¡nada dejó por revolver, nada había, nada encontró!

Claro... ¡tantos habían estado entrando y saliendo... los parientes eran los peores!...

Paciencia, lo habían madrugado los otros... unos cuatro o cinco mil pesos, por la parte que menos, debían haberse soliviado. Era rumboso el viejo, como todos los criollos de su tiempo, le gustaba andar platudo, jamás se le caía el rollo del bolsillo.


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