En la sangre
En la sangre ¿Existiría el dichoso testamento, su eterna pesadilla, su bestia negra, pensaba, preguntábase Genaro, doblemente ante esa idea preocupado ahora y caviloso, existiría... de fecha antigua o reciente, tendría a todo evento el suegro tomadas de antemano sus medidas, o sólo después de enfermo y de sentirse grave se le habría ocurrido hacerlo?
Probablemente lo primero en odio a él, su yerno, por mezquinarle, como quien decía, el bizcocho, por quitarle, ya que no todo, parte de lo que la ley le daba, de los derechos que, como a marido de la hija, el Código le acordaba... Tal vez dejando a ésta su legítima pelada y disponiendo del resto en favor de otros... algo así, alguna jugada por el estilo... mucho se lo temía, tiempo hacía que andaba con esa desconfianza, con ese temor y tenía como hambre de salir por fin de dudas y saber a qué atenerse.
Un pliego abultado y largo fijó la dirección de sus miradas, precisamente llegó a llamar en ese instante su atención. Diose prisa Genaro a apoderarse de él; dos únicas palabras había escritas en el anverso del sobre: mi testamento. En el reverso un sello grande de lacre colorado lo cerraba.
¡No tenía derecho a quejarse, poco le había costado encontrar, ni por arte de encantamiento, ni que el mismo diablo hubiese metido la mano!...