En la sangre
En la sangre Confiado en sus deducciones, tranquilo ahora y sin recelo, respecto a las posibles consecuencias del acto que meditaba, con mano segura y brusca rasgó el papel, púsose a devorar con avidez su contenido.
Era primero la enunciación de los bienes, una larga lista de propiedades urbanas y rurales, varias casas en la ciudad, la quinta de Belgrano, otros terrenos más, tres estancias pobladas en Buenos Aires, campos en Santa Fe, valores, acciones, títulos de renta, etc.
Ni mención siquiera, ni palabra se decía del hallazgo que acababa él de hacer, con íntima satisfacción y mientras, sin desviar los ojos del papel, continuaba su lectura, observó de paso Genaro.
Seguía luego la parte dispositiva del acto. Declaraba el testador ser gananciales los bienes, pertenecer la mitad a su mujer.
Dejaba la otra mitad, disponía de todo lo suyo, en favor de Máxima, pero no sin una expresa condición: sólo al fallecimiento de la madre, entraría aquella en posesión del quinto, cuya administración y usufructo debía corresponder exclusivamente a la señora.
Y era su voluntad, acababa por declarar, su voluntad terminante, dado caso de sobrevivir ésta a su hija, que distribuyese en vida o legase al morir el referido quinto a los pobres.