En la sangre
En la sangre En presencia, sin embargo, de crecientes exigencias por parte del primero, de nuevas demandas de dinero, reiteradas sin cesar, y habiéndole anunciado su marido un dÃa que algo le llevarÃa más tarde a objeto de ser firmado por ella, quiso al fin, despertándose en su alma una sospecha, cavilosa y alarmada, tratar de darse cuenta, de ver, de cerciorarse por sus propios ojos.
Era la escritura de venta de la de la casa calle San MartÃn:
-¿Cómo, pretendes, vas a venderla?
-SÃ, mi hijita; ofrecen por ella un precio loco y he creÃdo no deber vacilar.
-¡Pero vender eso tan luego, la casa paterna, nuestra, de mi familia, donde tantos años hemos vivido con papá y mamá!...
-Son zonceras, hija, preocupaciones; ¿qué más tiene ésa que otra cualquiera?... paredes viejas, ladrillos al fin.
La cuestión, lo que debe interesarnos, es el precio, saber si conviene, lo que se puede sacar, y se trata, te lo repito, de un espléndido negocio.
-Todo lo que tú quieras Genaro, no lo dudo, asà será. Pero, francamente, te declaro que me contrariarÃa sobremanera, que mucho me disgustarÃa, ver en poder de extraños la casa donde he nacido yo y a la que tanto cariño tenÃa mi padre.