En la sangre
En la sangre -¡La fortuna... la fortuna..., -exclamó Genaro con un vehemente gesto de impaciencia- como si fuese todo la fortuna, plata únicamente lo que debe uno dejar a sus hijos!... ¿Y el nombre que heredan éstos de sus padres, y si no se tratase sólo de dinero, si hubiese una cuestión más seria de por medio, una cuestión de honor y de decoro para mÃ, de llenar ineludibles compromisos bajo pena de faltar a mi palabra y de comprometer mi crédito, de aparecer como un tramposo ante el público, como un ladrón?
-¡Tú!...
-Es lo que no sabes y lo que conviene que sepas sin embargo, lo que te hago saber ya que me pones en el caso de decÃrtelo, ya que me obligas con tu necio y mezquino proceder para conmigo, tu marido al fin.
SÃ, yo, debo, debo mucho. Largo serÃa explicarte por qué. Negocios, operaciones en que he entrado, que tienen forzosamente que producirme, de un dÃa a otro, cien veces lo que en ellas he invertido pero que no me conviene por lo mismo realizar, mientras no llegue el momento y un cambio no se opere; algo con que cuento de una manera indudable que no puede dejar de producirse, que es seguro, fijo, infalible.