En la sangre
En la sangre -Cargado, acribillado de deudas, perseguido a muerte por mis acreedores, con tres letras protestadas ese día, amenazado de verme hundido en la opinión como insolvente, señalado acaso con el dedo como quebrado fraudulento; y sabiendo que nada de otro modo habría obtenido de ti, que nada me habrías dado tú, tú que habías sido mi ángel tutelar, sin embargo, mi única providencia hasta entonces...
¡Ah! ¡perdóname, soy antes un culpable, un pobre hombre desgraciado, más que tu enojo y tu despecho, merezco tu compasión, perdóname!...
-Se acabaron ya esos tiempos... he aprendido, me has enseñado por mi mal a conocerte y sé quién eres. ¡No esperes llegar a persuadirme con embustes y nuevos artificios, ni que me deje yo ablandar ahora como antes, por esos aires de hipócrita que afectas, farsante, cínico!
Estaba que trinaba su mujer... era claro, era evidente, nada iba a conseguir, ni medio de ella iba a sacar tocándole esa cuerda.