En la sangre
En la sangre Pero, ¿qué misión en la vida era la suya, cuál su rol, qué hacÃa, para qué demonios servÃa entonces?
¡Oh! para nada, pero nada bueno, ni útil, ni digno, ni justo de seguro.
PodÃa cuanto antes llevárselo la trampa, un mandria, un trompeta menos...
Y de él tan sólo, de él únicamente dependÃa; bien sencilla era la cosa.
AllÃ, por ejemplo, en aquel instante mismo, solo, de noche, en una plaza... SentÃa el bulto, el peso del revólver sobre su muslo; dentro del bolsillo del pantalón... cuestión de un minuto, de un segundo, de meter la mano, llevarse el arma a la sien y apretar luego el gatillo bruscamente, como quien pega cerrando los ojos un tirón.
SÃ, pero no lo harÃa, estaba a mil leguas de hacerlo, se necesitaba ser un hombre para eso y él no lo era, habÃa dicho una gran verdad su mujer, era un cobarde, un collón él.
No, no lo harÃa, de pensarlo nada más, de llegar a figurárselo siquiera, sentÃa que le temblaban miserablemente las carnes...
¿Matarse él, matarse por bellaco y por canalla, sentenciarse él mismo a morir y escapar de ese modo a su vergüenza?... Nunca, jamás... ni de ese triste rasgo de nobleza, ni de esa última, ni de esa única prueba de valor y de entereza era capaz.