En la sangre
En la sangre Había cesado la obsesión, la constante, la eterna pesadilla; había pasado la nube negra del examen, era como otro mundo que empezara, todo lo veían color de rosa ahora, o no más bien, nada veían, porque nada miraban, ni nada les importaba en la bienaventurada indolencia de sus años. El problema eterno de la vida, el porvenir, las batallas del futuro, sus dudas, sus azares, sus zozobras... ¡bah! mucho se les daba a ellos de porvenir, de futuro... los tres meses de vacaciones del presente les bastaba, les sobraba a la dicha de existir.
Uno, a los postres, levantose y brindó, hizo un discurso en que la ciencia, el amor, la libertad, la democracia, las gotas de rucio, la patria, el canto de los ruiseñores, los pétalos de las flores y otras cosas, mezclado todo, revuelto, confundido, era, como resaca al mar, implacablemente acarreado aguas abajo en el atropellado torrente de la palabra.
Varios de los otros, estimulados por el ejemplo y sobrexcitados por el vino, apresuráronse a imitarlo, pidiendo todos por fin que hablara el héroe de la jornada, el del voto de distinguido con mención; a ver, que dijera algo, que se mostrase él también...
Hablar Genaro, improvisar..., y ¡qué habría dicho!...