En la sangre
En la sangre Y habrÃa querido él no ser asÃ, sin embargo, habÃa intentado cambiar, modificarse, dÃa a dÃa no se cansaba de hacer los más sinceros, los más serios, los más solemnes propósitos de enmienda y de reforma; sÃ, a la par que de vergüenza, en el hondo sentimiento de desprecio que a sà mismo se inspirara, con las ansias por vivir de quien siente que se ahoga, no habÃa cesado de agitarse, de debatirse desesperado en esa lucha; sÃ, a todo el ardor de su voluntad, a todo el contingente de su esfuerzo, mil veces habÃa apelado... inspirarse, retemplarse, redimirse en el ejemplo de lo bueno, de lo puro, de lo noble, que en torno suyo veÃa, resistir, sobreponerse a esa ingénita tendencia que lo impulsaba al mal...
¡Vana tarea!... obraba en él con la inmutable fijeza de las eternas leyes, era fatal, inevitable, como la caÃda de un cuerpo, como el trascurso del tiempo, estaba en su sangre eso, constitucional, inveterado, le venÃa de casta como el color de la piel, le habÃa sido trasmitido por herencia, de padre a hijo, como de padres a hijos se trasmite el virus venenoso de la sÃfilis...