En la sangre
En la sangre ¡Miserable... miserable... miserable!... Agarrábase desesperado, llorando, la cabeza, crispaba los dedos entre el pelo, se lo arrancaba a mechones, maldecía, blasfemaba, chocaba con la frente en la pared, rabiosamente, salvajemente y, cegado por el llanto y aturdido por los golpes, vacilaba, tropezaba, a la luz apagadiza de los faroles de aceite, se bambaleaba en las aceras de los lejanos arrabales de su casa, como cayéndose de borracho también él.