En la sangre
En la sangre Había contado sin la huéspeda... dos mil pesos... ¡lejos iba a poder ir con semejante miseria!... Creía tener mucho más...
Y no había vuelta que darle entretanto, no había que hacer, mal que le pesara fuerza era conformarse, renunciar a sus proyectos, a sus pretensiones ridículas de lujo y de grandeza... ¡mire qué figura también la suya, querer darse aires con eso... gran puñado eran tres moscas!, exclamaba para sí confuso y avergonzado, en una sorda humillación, como si hubiese sido una mancha, algo infamante su relativa pobreza.
Se aplicaba, hacía sus cálculos, sus cómputos, de nuevo los volvía a hacer, los rehacía, contaba, ponía de lado, trataba de distribuir, de dar destino conveniente a su dinero; los gastos materiales y primeros de la vida, la casa, la mesa, la ropa por una parte, por otra lo accesorio, el teatro y el café, el carruaje, el cigarro -le gustaba fumar bueno a él- las mujeres, siempre se le irían en eso unos cuatro o cinco papeles de cien pesos por lo menos...
Pero nada, ni cerca, no daba, por mucho que tratara de estirar la cuerda, no alcanzaba, no le quedaba decididamente otro remedio que confesarse gusano, hacer de tripas corazón y reducir en grande sus gastos.