Música sentimental
Música sentimental —Comprendo —le contesté encajándole la lanceta a guisa de estudio psicológico—, si a Pablo lo matan o lo hieren, te vengas; si Pablo hiere o mata, la sangre del marido es una zanja cavada entre aquel y la mujer. Haces de todos modos un magnÃfico negocio; veo que has estudiado la cosa a fondo y que no tienes un pelo de tonta.
—Si Pablo muere, me arrancan de un golpe el corazón; si el conde es el que sucumbe, su muerte arroja a la condesa en los brazos de Pablo. Ya ve que de todos modos pierdo y que el negocio, como dice usted, lejos de ser magnÃfico, me arruina.
Pero, un momento después:
—Este hombre —exclamó levantándose de pronto presa de una agitación—, ¡éste también que ayer no más afectaba creer en mÃ!… ¡Quiere decir que todo es inútil, entonces, que la expiación es fatal, el castigo sin remedio, que estoy condenada, condenada para siempre!… ¡Ah! ¡Pasado infame, mil veces maldito seas, maldita mil veces tu madre que no conozco, mil veces malditas tus entrañas! ¡Por qué al parirme —rugió en una blasfemia atroz— no me ahogaste más bien entre tus nalgas inmundas!… Imbéciles —prosiguió en el colmo de la exaltación y del delirio—, y hablan de Dios después, de un Dios de misericordia… mentira, ¡no hay Dios!