Música sentimental
Música sentimental Y en el escape loco de mi razón, con la fuerza rabiosa de las desilusiones, sofrenándome a dos manos, pleiteaba circunstancias atenuantes.
Pablo no había sido nunca mi amigo, mi conocido apenas. ¿Qué vínculos nos ligaban? Ninguno; una simple relación de mundo, de esas que se hacen hoy y que se deshacen mañana; el azar de haber nacido bajo el mismo sol, de habernos conocido en un viaje, he ahí todo.
¿Por qué me alarmaba, entonces, a qué venían esos escrúpulos, toda esa hojarasca, esa vana polvareda?
Sobre todo, Pablo era un degradado, un canalla que azotaba a las mujeres.
Y Loulou, dónde la dejaba… ella… ¡Loulou buena pieza!…
¿Quién me decía que no había estado riéndose de mí, que toda la escena aquella, su desesperación y sus llantos, no habían sido una farsa, una comedia?
Decididamente, era el colmo de la estupidez y del ridículo. Solo no más me había estado dando cuerda y saliendo de la vaina.
Pero, de pronto, mordiendo el freno con más ganas, volvía a salir matando.
Qué me importaban a mí los otros, ¿se trataba de ellos acaso? No, de mí, de la pureza de mis actos, de mi delicadeza, de mi propia dignidad, del respeto que yo mismo me debía.