Música sentimental
Música sentimental —¡Oh! No es precisamente por usted que he juzgado oportuno traerlo; pero la intervención inesperada y brusca de un testigo que nos hallábamos lejos de suponer aquà y cuya aparición, lo confesamos, no ha dejado de causarnos la más extraña sorpresa, acaso con razón, es lo que me ha inducido a hablar.
—Espero, señores, que nos harán ustedes la justicia, a mis amigos y a mÃ, de creernos completamente ajenos a la presencia de esa mujer entre nosotros. Si aquà estaba, es que consiguió sin duda penetrar, a pesar nuestro, de una manera clandestina.
Y, medio cargado ya con los aires que se iban dando:
—Por otra parte —agregué—, ustedes mismos no deben ignorar que el conde se hizo acompañar por ella y provocó en su presencia la escena que todos conocemos y que no es del momento comentar. Si el secreto, pues, ha salido de entre él, su adversario, ustedes y nosotros, no es seguramente nuestra la culpa. Por lo que a mà personalmente se refiere, creo del caso repetir a ustedes que, en todos los actos de mi vida, mi norma es mi deber, agregando que, en materias de honor y de conciencia, ni doy, ni recibo lecciones de nadie.
Con lo que parece que se dieron por conformes, pues, una vez llevado el cuerpo a la sala, se despidieron de mà sin hablar más del asunto.