Música sentimental
Música sentimental Eran, luego, los bruscos sobresaltos sin conciencia del tiempo transcurrido, estupefacta la vista en el cuadrante, temiendo haber faltado a la consigna rigorosa de la ciencia, haber descuidado la prescripción severa de sus fórmulas.
Eran las idas y venidas silenciosas, aligerado el pie en un desliz impalpable de fantasma; las abstracciones taciturnas, presa el alma de congojas, de crueles aprehensiones; el cansancio profundo, la lucha abrumadora de todos los instantes con el más implacable y el más traidor de todos los enemigos.
Era el martirio sublime de la propia abnegación en el amor del prójimo, martirio que eleva a Dios y que la criatura, por lo mismo, sería incapaz de resistir, martirio que mataría si, sobre el fondo negro de sus torturas, no se alzara una esperanza, un halago, una promesa: la fe inconfesa y latente, que vacila algunas veces, que no abandona jamás.