MĂşsica sentimental
MĂşsica sentimental »“Aguarda un momento; acĂ©rcate —me dijo, tomándome de la barba y clavando en mĂ sus ojos torpes—. Nom de Dieu! Vista de cerca no está tan mala la chica; ¡eh!, ¡eh! ¡Tal vez no fuera difĂcil que nos entendiĂ©ramos! Veamos, Âżpara quĂ© diablos podrĂas servirnos tĂş?”. Y levantándome el vestido:
»“¿A ver esas pantorrillas? Gordas y duras —prosiguiĂł, agarrándome las piernas—. Compañeros, desde que la garce de Rosa nos dejĂł plantados, hace falta en la compañĂa un brazo para el bombo y unas piernas para el pĂşblico. La muchacha Ă©sta es rolliza, tiene el fĂsico del empleo; con un poco de amor al arte y unas medias color carne, podrĂa llenar la vacante”.
»“¿Está usted en su juicio, père Grognard —objetó uno de entre ellos—, que no ve que es una mocosa, y si nos meten a la cárcel? Mazette! ¡Nada menos que un détournement de menor…! Mal negocio; la justicia no entiende de chicas al respecto”.
»El père Grognard se enojó:
»“¡MĂ©tete la lengua donde no te la vean, tĂş, y dĂ©jate de fastidiarnos con tus miedos y tu justicia, collĂłn! ÂżQuiĂ©n quieres que se ocupe de semejante andrajo, sus padres? ¡Bonitos han de ser sus padres cuando la tienen asĂ!”.