Sin rumbo

Sin rumbo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sentía una picazón, un insoportable escozor en todo el cuerpo. Un instante llegó a creer que las chinches lo estaban devorando; encendió luz y miró: no encontró nada.

Excitado, sin embargo, inquieto, febriciente, se movía sin cesar de un lado a otro, se revolvía desesperado sin poder pegar los ojos, se acostaba de espaldas, sobre el flanco, se quitaba las sábanas de encima, sacaba las piernas fuera del colchón.

¡Ah! ¡Su casa, su cuarto, su cama, el aire puro de sus balcones abiertos!…

Bien merecido lo tenía; ¡qué demonios le había dado por meterse en un rancho miserable a dormir con una china!…

Al fin, no pudiendo aguantar más aquel infierno, de un salto se levantó, fue y abrió la ventana.

Junto con la luz pálida de la luna, entró la brisa fresca de la noche.

Como un sediento, abrió la boca y se puso a beberla a tragos.

Después, en la penumbra, miró a Donata. Las sábanas colgaban de la cama. Estaba desnuda toda; dormía profundamente, como un tronco.

«¡Uff!», hizo Andrés, y agarrando en montón el bulto de su ropa, huyó de allí, salió a vestirse fuera.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker