El hombre rebelde

El hombre rebelde

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Si todo se detuviera aquí, Sade no merecería más que el interés que se presta a los precursores ignorados. Pero una vez bajado el puente levadizo, hay que vivir en el castillo. Por meticuloso que sea el reglamento, no alcanza a preverlo todo. Puede destruir, no crear. Los dueños de esas comunidades no hallarán en él la satisfacción que ambicionan… Sade recuerda a menudo la «dulce costumbre del crimen». Nada en ello, sin embargo, parecido a la dulzura, más bien una rabia de hombre entre grilletes. Se trata en efecto de gozar, y el máximo de goce coincide con el máximo de destrucción. Poseer lo que se mata, acoplarse con el sufrimiento, he aquí el momento de la libertad total hacia el que se orienta toda la organización de los castillos. Pero desde el momento en que el crimen sexual suprime el objeto de voluptuosidad, suprime la voluptuosidad que sólo existe en el momento preciso de la supresión. Hay que someter entonces otro objeto y matarlo de nuevo, y otro más, y tras él la infinidad de todos los objetos posibles. Se obtienen así esas sombrías acumulaciones de escenas eróticas y criminales cuyo aspecto rígido, en las novelas de Sade, deja paradójicamente al lector el recuerdo de una horrible castidad.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker