Los justos
Los justos STEPAN. —Sin embargo, tiene un alma religiosa. Eso es lo que nos separaba. Yo soy más áspero que él, bien lo sé. Para los que no creemos en Dios, o tenemos toda la justicia o la desesperación.
DORA. —Para él, la justicia misma es desesperante.
STEPAN. —SÃ, un alma débil. Pero la mano es fuerte. Él vale más que su alma. Lo matará, es seguro. Eso está bien, está muy bien. Destruir. Eso es lo que hace falta. Pero ¿no dices nada? (La observa). ¿Le quieres?
DORA. —Hace falta tiempo para querer. Apenas tenemos tiempo bastante para la justicia.
STEPAN. —Tienes razón. Hay demasiado que hacer; es necesario destruir este mundo de arriba abajo… Después… (En la ventana). Ya no los veo, han llegado.
DORA. —Después…
STEPAN. —Nos amaremos.
DORA. —Si seguimos con vida.
STEPAN. —Otros se amarán. Da lo mismo.
DORA. —Stepan, di «el odio».
STEPAN. —¿Cómo?
DORA. —Esas dos palabras, «el odio», pronúncialas.
STEPAN. —El odio.
DORA. —Está bien. Yanek las pronunciaba muy mal.