Cómo ganar amigos e influir sobre las personas
Cómo ganar amigos e influir sobre las personas —Pero tÃa —protestó el Sr. R.—, me abruma usted. Es claro que agradezco su generosidad, pero no podrÃa aceptarlo. No soy siquiera pariente suyo. Tengo un automóvil nuevo, y usted tiene muchos parientes a quienes les gustarÃa ese Packard.
—¡Parientes! —exclamó la anciana—. SÃ, tengo parientes que sólo esperan mi muerte para conseguir ese automóvil. Pero no se lo voy a dejar.
—Si no quiere dejarlo a nadie, le será fácil venderlo.
—¡Venderlo! ¿Cree usted que podrÃa vender este coche? ¿Cree que podrÃa admitir que algún extraño recorriera las calles en ese automóvil que mi marido compró para mÃ? No puedo ni pensar en venderlo. Se lo voy a regalar. Usted aprecia las cosas bellas.
El Sr. R. trató de disuadirla, pero no pudo sin herir sus sentimientos.
Aquella anciana, sola en su casona, con sus tesoros y sus recuerdos, anhelaba un poco de admiración. HabÃa sido joven y hermosa. HabÃa construido una casa entibiada por el amor y habÃa comprado cosas en toda Europa para embellecerla más. Ahora, en la aislada soledad de los años, anhelaba un poco de tibieza humana, un poco de auténtica apreciación, y nadie se la daba. Cuando la encontró, como un manantial en el desierto, su gratitud no podÃa tener otra expresión adecuada que el obsequio de un automóvil Packard.