Cómo ganar amigos e influir sobre las personas
Cómo ganar amigos e influir sobre las personas Recordemos esto la próxima vez que nos veamos en la desagradable necesidad de despedir a un empleado.
«Despedir empleados no es muy divertido. Ser despedido lo es menos todavía…», dice una carta que me escribió Marshall A. Granger, contador público:
Nuestro negocio trabaja según las temporadas. Por lo tanto, tenemos que despedir a muchos empleados en marzo.
En nuestra profesión es cosa ya sabida que a nadie le agrada ser el verdugo. Por consiguiente, se adoptó la costumbre de acabar lo antes posible, generalmente así:
«Siéntese, Sr. Fulano. Ha terminado la temporada y parece que ya no tenemos trabajo para usted. Claro está que usted sabía que lo íbamos a ocupar durante la temporada… etcétera».
El efecto que se causaba en los empleados era de decepción, la sensación de que se los había «dejado en la estacada». Casi todos ellos eran contadores permanentes y no conservaban cariño alguno por una casa que los dejaba en la calle con tan pocas contemplaciones.
Yo decidí hace poco despedir a nuestros empleados extraordinarios con un poco más de tacto y consideración. He llamado a cada uno a mi despacho, después de considerar cuidadosamente el trabajo rendido durante el invierno. Y les he dicho algo así: