Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas En la dorada tarde nuestra barca
se desliza sin prisa:
impulsan ambos remos unos brazos
inhábiles de niñas,
mientras en vano sus manitas pugnan
por trazar nuestra vía.
¡Ah, Trinidad cruel! ¡En esa hora,
bajo un cielo de ensueño,
cuando el aire no agita ni una hoja,
me piden que urda un cuento!
¿Mas cómo va a oponerse una voz sola
a tres lenguas a un tiempo?
Prima, imperiosa, lanza el veredicto:
«Inícialo ahora mismo».
Secunda, más benigna, solo pide
«que sea un sinsentido»,
mientras Tertia interrumpe por minuto
una vez como mínimo.
Pronto las tres en silencio imaginan