Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Y se refugió detrás de Alicia mientras hablaba.
—Un gato puede mirar cara a cara a un rey —sentenció Alicia—. Lo he leÃdo en un libro, pero no recuerdo cuál.
—Bueno, pues hay que eliminarlo —dijo el Rey con decisión, y llamó a la Reina, que precisamente pasaba por all×. ¡Querida! ¡Me gustarÃa que eliminaras a este gato!
Para la Reina sólo existÃa un modo de resolver los problemas, fueran grandes o pequeños.
—¡Que le corten la cabeza! —ordenó, sin molestarse siquiera en echarles una ojeada.
—Yo mismo iré a buscar al verdugo —dijo el Rey apresuradamente.
Y se alejó corriendo de allÃ.
Alicia pensó que serÃa mejor que ella volviese al juego y averiguase cómo iba la partida, pues oyó a lo lejos la voz de la Reina, que aullaba de furor. Acababa de dictar sentencia de muerte contra tres de los jugadores, por no haber jugado cuando les tocaba su turno. Y a Alicia no le gustaba ni pizca el aspecto que estaba tomando todo aquello, porque la partida habÃa llegado a tal punto de confusión que le era imposible saber cuándo le tocaba jugar y cuándo no. Asà pues, se puso a buscar su erizo.