Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Al llegar aquÃ, el Lirón se estremeció y empezó a cantar en sueños: «Titila, titila, luce, titila, titila, luce…», y asà siguió hasta que de un pellizco lo hicieron callar.
—Bueno —dijo el Sombrerero—, apenas habÃa entonado la primera estrofa cuando la Reina se puso a gritar: «¡Está matando el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!».
—¡Qué salvaje! —exclamó Alicia.
—Y desde entonces —prosiguió, con voz desolada, el Sombrerero—, ¡el Tiempo no hace más que darme la contraria! ¡Ahora son siempre las seis!
Una brillante idea acudió a la mente de Alicia.
—¿Y por eso hay tanta vajilla de té puesta aqu� —preguntó.
—SÃ, asà es —dijo el Sombrerero con un suspiro—: siempre es la hora del té, y no nos da tiempo de lavar los platos.
—De ahà que vayan cambiando de sitio alrededor, supongo —dijo Alicia.
—Exactamente —dijo el Sombrerero—, conforme se van ensuciando las tazas.
—Pero ¿qué ocurre cuando llegan otra vez al principio? —se atrevió a preguntar Alicia.
—¿Y si cambiáramos de tema? —interrumpió con un bostezo la Liebre de Marzo—. De este ya empiezo a estar harta. Propongo que la joven nos cuente un cuento.