Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Haz el favor de no empujar tanto —dijo el Lirón, que estaba sentado a su lado—. Apenas puedo respirar.
—No puedo evitarlo —contestó humildemente Alicia—. Estoy creciendo.
—No tienes ningún derecho a crecer aquà —dijo el Lirón.
—No digas tonterÃas —replicó Alicia con más brÃo—. De sobra sabes que también tú creces.
—SÃ, pero yo crezco a un ritmo razonable —dijo el Lirón—, y no de esta manera grotesca.
Se levantó con aire digno y fue a situarse al otro extremo de la sala.
Durante todo este tiempo, la Reina no le habÃa quitado los ojos de encima al Sombrerero, y, justo en el momento en que el Lirón cruzaba la sala, ordenó a uno de los ujieres de la corte:
—¡Tráeme la lista de los cantantes del último concierto!
Lo que produjo en el Sombrerero tal ataque de temblor que las botas se le salieron de los pies.
—Di lo que tengas que declarar —repitió el Rey muy enfadado—, o te hago ejecutar ahora mismo, estés nervioso o no lo estés.