Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas El Rey miró con ansiedad al Conejo Blanco, y el Conejo Blanco dijo en voz baja:
—Su Majestad debe examinar detenidamente a este testigo.
—Bueno, si debo hacerlo, lo haré —dijo el Rey con resignación, y, tras cruzarse de brazos y mirar de hito en hito a la cocinera con aire amenazador, preguntó en voz profunda—: ¿De qué se hacen las tartas?
—Sobre todo de pimienta —respondió la cocinera.
—Melaza —dijo a sus espaldas una voz soñolienta.
—Prended a ese Lirón —chilló la Reina—. ¡Decapitad a ese Lirón! ¡Arrojad a ese Lirón de la sala! ¡Reprimidle! ¡Pellizcadle! ¡Dejadle sin bigotes!
Durante unos minutos reinó gran confusión en la sala, para arrojar de ella al Lirón, y, cuando todos volvieron a ocupar sus puestos, la cocinera habÃa desaparecido.
—¡No importa! —dijo el Rey, con aire de alivio—. Llama al siguiente testigo. —Y añadió a media voz dirigiéndose a la Reina—: Realmente, cariño, debieras interrogar tú al próximo testigo. ¡Estas cosas me dan dolor de cabeza!