Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Y los miembros del jurado estaban empezando a anotar esto en sus pizarras, cuando intervino a toda prisa el Conejo Blanco:
—Naturalmente, Su Majestad ha querido decir intrascendente —dijo en tono muy respetuoso, pero frunciendo el ceño y haciéndole signos de inteligencia al Rey mientras hablaba.
—Intrascendente es lo que he querido decir, naturalmente —se apresuró a decir el Rey.
Y empezó a mascullar para sÃ: «Trascendente… intrascendente… trascendente… intrascendente…», como si estuviera intentando decidir qué palabra sonaba mejor.
Parte del jurado escribió «trascendente», y otra parte escribió «intrascendente». Alicia pudo verlo, pues estaba lo suficientemente cerca de los miembros del jurado para leer sus pizarras. «Pero esto no tiene la menor importancia», se dijo para sÃ.
En este momento el Rey, que habÃa estado muy ocupado escribiendo algo en su libreta de notas, gritó: «¡Silencio!», y leyó en su libreta:
—ArtÃculo Cuarenta y Dos. Toda persona que mida más de un kilómetro tendrá que abandonar la sala.
Todos miraron a Alicia.
—Yo no mido un kilómetro —protestó Alicia.
—Sà lo mides —dijo el Rey.
—Mides casi dos kilómetros añadió la Reina.