Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —Bueno, pues no pienso moverme de aquÃ, de todos modos —aseguró Alicia—. Y además este artÃculo no vale: usted lo acaba de inventar.
—Es el artÃculo más viejo de todo el libro —dijo el Rey.
—En tal caso, deberÃa llevar el Número Uno —dijo Alicia.
El Rey palideció, y cerró a toda prisa su libro de notas.
—¡Considerad vuestro veredicto! —ordenó al jurado, en voz débil y temblorosa.
—Faltan todavÃa muchas pruebas, con la venia de Su Majestad —dijo el Conejo Blanco, poniéndose apresuradamente de pie—. Acaba de encontrarse este papel.
—¿Qué dice este papel? —preguntó la Reina.
—TodavÃa no lo he abierto —contestó el Conejo Blanco—, pero parece ser una carta, escrita por el prisionero a… a alguien.
—Asà debe ser —asintió el Rey—, porque de lo contrario hubiera sido escrita a nadie, lo cual es poco frecuente.
—¿A quién va dirigida? —preguntó uno de los miembros del jurado.
—No va dirigida a nadie —dijo el Conejo Blanco—. No lleva nada escrito en la parte exterior. —Desdobló el papel, mientras hablaba, y añadió—: Bueno, en realidad no es una carta: es una serie de versos.