Alicia en el PaĂs de las Maravillas
Alicia en el PaĂs de las Maravillas —De ser yo la pescadilla —dijo Alicia, que aĂşn seguĂa pensando en la canciĂłn—, le habrĂa dicho al delfĂn: «¡RetĂrate, por favor! ¡No te queremos con nosotras!».
—Estaban obligadas a llevarlo —dijo la Falsa Tortuga—. No hay pez sensato que vaya a lugar alguno sin un delfĂn.
—¿Es cierto? —preguntó Alicia con voz de gran sorpresa.
—Claro que sà —dijo la Falsa Tortuga—. Si un pez viniera a decirme que se iba de viaje, le preguntarĂa: «¿Con quĂ© delfĂn?».
—¿No querrá decir más bien «Con qué fin»? —dijo Alicia.
—Quiero decir lo que digo y digo lo que quiero decir —contestó ofendida la Falsa Tortuga.
Y el Grifo añadió:
—Venga, cuéntanos algunas de tus aventuras.
—PodrĂa contarles mis aventuras… a partir de esta mañana —dijo Alicia con cierta timidez—; serĂa inĂştil referirme a las de ayer, porque yo entonces era una persona distinta.
—Explica todo eso —dijo la Falsa Tortuga.
—¡No, no! Primero las aventuras —dijo el Grifo, impaciente—, que las explicaciones se llevan un tiempo horrible.