Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Asà pues, Alicia empezó a contarles sus aventuras desde el momento en que vio por primera vez al Conejo Blanco. Al principio se sentÃa algo nerviosa, por tener tan pegadas a las dos bestias, una a cada lado, con sus bocas y ojos desmesuradamente abiertos; pero, a medida que avanzaba, fue cobrando valor. Sus oyentes permanecieron perfectamente quietos hasta el momento en que recitó el poema «Padre Guillermo» a la Oruga, cuando la letra le salió tan diferente. La Falsa Tortuga, entonces, lanzó un profundo suspiro y dijo:
—¡Esto es muy extraño!
—¡Es lo más extraño del mundo! —dijo el Grifo.
—¡Todo le salió diferente! —repitió pensativamente la Falsa Tortuga—. Me gustarÃa que intentara recitar algo ahora. Dile que empiece. —Miró al Grifo como si considerara que este tenÃa cierta autoridad sobre Alicia.
—Levántate y recita: «Es la voz del haragán» —dijo el Grifo.
«¡Cuánto les gusta a estas bestias dar órdenes y hacer que una repita las lecciones! —pensó Alicia—. Igual que si estuviera en la escuela.» Sin embargo, se levantó y empezó a recitar el poema; pero su mente estaba tan sumida en la Cuadrilla de la Langosta que apenas se daba cuenta de lo que decÃa, y la letra le salió ciertamente muy rara: