Alicia en el País de las Maravillas
Alicia en el País de las Maravillas Uno de los jurados tenía un lápiz que rechinaba. Naturalmente, esto Alicia no lo podía soportar: dio la vuelta a la sala, se puso detrás de él y muy pronto aprovechó la oportunidad para quitárselo. Lo hizo tan deprisa que el pobre jurado (era Bill, la lagartija) no pudo adivinar qué se había hecho del lápiz; así que, tras registrarlo todo, se vio obligado a escribir con un dedo por el resto del día, lo cual era de bien poca utilidad pues no dejaba señal alguna en la pizarra.
—¡Heraldo, lee la acusación! —dijo el Rey.
El Conejo Blanco dio tres toques de trompeta, desenrolló el pergamino y leyó lo siguiente:
La Reina de Corazones
preparó no pocas tartas
en un día de verano.
La Sota de Corazones
robó y se llevó las tartas
a algún lugar bien lejano.
—Considerad vuestro veredicto —ordenó el Rey al jurado.
—¡Todavía no, todavía no! —interrumpió inmediatamente el Conejo—. ¡Aún hay muchas cosas que hacer!
—Que comparezca el primer testigo —dijo el Rey. El Conejo dio tres nuevos toques de trompeta y gritó: